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¿El proyecto Venezolano tiene Futuro?

05 Ago

Aquí los dejo con un artículo de Hernán Torres, quien escribió para aporrea.org  una institución del gobierno venezolano dedicado (como se definen)  a la “comunicación popular alternativa para la construcción del socialismo del siglo XXI”.

Lo interesante es que el autor realiza un análisis crítico al modelo venezolano partiendo de la teoría subjetiva del valor de la escuela austriaca. Discute la viabilidad de la socialización de la producción así como señala algunos problemas de las economías planificadas, en particular critica varios de los problemas vistos en la economía venezolana como la corrupción, conflictos sociales, inflación alta, burocracia excesiva, especulación e informalidad.

Creo que leer un artículo de una persona que vive en el país del problema (Venezuela)  y más aun que pertenece a un pensamiento un tanto contraria a la del gobierno otorga un cierto análisis especial.

Acerca de la factibilidad teórica de un sistema de producción socialista

Por: Hernán Luis Torres Núñez
Fecha de publicación: 14/06/11

Ver artículo original Aquí

Mis estimados lectores, vuelvo al ruedo de escribir unas líneas en este portal inspirado por la lectura de un libro que versa sobre la escuela austriaca de economía. Esta escuela está conformada por el pensamiento de un conjunto de economistas que expresan su desacuerdo con la visión neoliberal y cuantitativita de la economía, pero también expresan su desacuerdo con la postura marxista. Básicamente, estos pensadores creen en la subjetividad de los fenómenos económicos, y ven a la economía como la ciencia que estudia la acción humana, y por supuesto, es imposible ver a ésta última como ajena a lo subjetivo. Sin embargo, no es mi propósito hacer una exposición acerca de la escuela austriaca, sino una reflexión acerca de la factibilidad teórica de adelantar un sistema de producción socialista. En particular, en Venezuela donde podemos ver anuncios y vallas que plantean el rumbo hacia semejante sistema, además también voceros autorizados del gobierno plantean abiertamente el hecho de que estaríamos en el tránsito hacia la instauración de un modelo de producción socialista. Mi idea es revisar desde un punto de vista teórico si es posible el advenimiento de tal cosa, y no sólo eso, sino el éxito de una iniciativa de este tipo.

Me parece obvio que debemos comenzar por analizar la teoría del valor de Marx, la instauración de un modo de producción socialista en el siglo XX estuvo inspirada en las ideas económicas del ilustre pensador alemán. En términos generales, siempre he escuchado a los defensores del socialismo del siglo XX señalar que el desplome de la Unión Soviética y sus aliados de la Europa del Este se debió a una mala aplicación de las ideas de Marx, a una deformación de su ideario. Sin embargo, todos siguen siendo fieles a la esencia de su pensamiento, es decir, a la teoría del valor. A través de mi lectura de los pensadores austriacos he podido elaborar unos argumentos que apuntan a revelar la inconsistencia de la teoría del valor trabajo de Marx.

En primer lugar, Marx al igual que los neoliberales, intentó desarrollar un esquema de análisis científico de la realidad económica lo más alejado posible de cualquier tipo de subjetividad. Por esta razón, él buscó conferir al cálculo del valor de una mercancía un componente universal. Ese componente del valor no podía ser otro que el trabajo humano cristalizado en una mercancía, y por lo tanto, la comparación del valor de dos mercancías estaría dada por las cantidades de trabajo incorporadas. Marx encontró el primer obstáculo a su teoría en el hecho de que hay trabajo humano incorporado en objetos que la gente no desea adquirir. En este sentido Marx señaló que el trabajo incorporado en la mercancía debería ser socialmente útil, y que el valor se realizaba en el proceso de intercambio, es decir, yo sólo puedo decir que un objeto es socialmente útil cuando lo pongo en venta en el mercado y efectivamente encuentro compradores. De esta manera, y posiblemente en forma inconsciente, le concedió al mercado la verdadera asignación del valor a una mercancía y no al trabajo incorporado, siendo el precio la única forma de medir la valoración de una sociedad por una mercancía en particular. Es algo muy fácil de constatar que un mismo producto, con una determinada cantidad de trabajo incorporado, en lugares geográficos muy distintos tenga una valoración muy distinta. Aquí en Venezuela, usted puede detenerse en una carretera y darle de pedradas a un árbol de mangos y al cabo de unos minutos llenar una cesta de los deliciosos frutos. En un país como Suecia, una lata de mangos puede tener un precio que lo ubica en la categoría de delicatesse, sin ningún tipo de relación con el trabajo incorporado o el costo del flete. Simplemente, los mangos son muy codiciados porque son muy escasos en Suecia. A la inversa un paté trufado de Francia aquí es muy caro, independientemente del trabajo incorporado.

En este punto es donde quiero echar mano del concepto de valor de una mercancía de mis amigos austriacos, para éstos, el valor es subjetivo. Hay personas que con toda seguridad no les gusta el mango o bien el paté trufado, o ambos, independientemente que sean muy bien valorados por la sociedad o de la cantidad de trabajo incorporado en su producción. Aunque aquí en Venezuela la carne está muy cara, si se me ocurre abrir una carnicería en la India posiblemente quiebre. Cuando se analiza el intercambio comercial entre dos países es una tarea totalmente inútil tratar de encontrar alguna racionalidad de dicho intercambio en el trabajo incorporado en las mercancías que se transan. También podemos ver la incongruencia de la teoría valor trabajo en el caso de dos artistas plásticos, uno muy bueno pero desconocido, y otro igual de bueno pero famoso. Si salen a vender dos pinturas en las que ambos han invertido 10 horas de trabajo, es posible que el pintor famoso obtenga por su pintura 1000 veces más que el no famoso.

Marx, como lo he señalado en otros artículos, no perseguía en última instancia explicar el fenómeno del valor de una mercancía en la sociedad capitalista, sino más bien justificar racionalmente su teoría de la plusvalía, es decir, que los trabajadores eran despojados de parte del valor generado por los capitalistas, algo así como que si el valor de una mercancía es equivalente a 12 horas de trabajo, el capitalista solo le paga 8 al obrero y se queda con 4. Hay algo que no se dice, el capitalista contrata la mano de obra antes de que disponga del producto y antes de vender el producto, esto significa que hay un riesgo involucrado. Hay empresarios que han contratado mano de obra y no han podido realizar la plusvalía. La teoría marxista predecía el empobrecimiento absoluto de la clase trabajadora, es decir un aumento de la tasa de explotación, esto no se cumplió en los países de la Europa Occidental donde vivió Marx. Ahora bien, la capacidad de explotar a los trabajadores por parte de los capitalistas estaba basada en la propiedad de los medios de producción.

Entrando en la materia de la producción socialista, el sistema económico socialista del siglo XX se basó en la aversión a la economía de mercado debido a que era en el intercambio capitalista donde se materializaba la explotación de los trabajadores.

Sin duda alguna, en la Europa de Marx, la explotación de los trabajadores era inmisericorde. Los seguidores de Marx y constructores del socialismo del siglo XX se plantearon que el socialismo debía fundarse sobre una economía sin propiedad privada de los medios de producción  y sin un mercado al estilo capitalista, por lo  tanto, era la propiedad social de los medios de producción y la planificación de la producción los nuevos mecanismos del quehacer económico.

Al eliminar el sistema de precios como un indicador de las prioridades de la sociedad en lo tocante a sus necesidades, quedó en manos de los planificadores, cuantificar la producción para satisfacer las necesidades básicas de la población, pero las cosas no son tan simples así, también hay que prever la producción de materias primas y bienes de capital. El planificador al decidir lo que se va a producir, en que cantidad y como se va a producir, también está tomando la decisión de que bienes no se van a producir y por ende que necesidades no se van a satisfacer. Aunque un planificador socialista nos maree con un cuadro de insumo-producto y sistemas de ecuaciones complicadísimos, lo que se va a producir y lo que se va a dejar de producir es una decisión política, y en muchos casos, totalmente subjetiva y no técnica. Al desaparecer la competencia entre productores privados y la búsqueda de ganancias, y la constante evaluación de costos versus precios, se destruyeron los indicadores de eficiencia económica necesarios para el acto de planificar. Todo esto no puede sino conducir a situaciones de sobre oferta de algunos bienes y déficits en la producción de otros, la utilización de tecnología y procedimientos obsoletos, despilfarro de materias primas. No es ningún secreto que en los sistemas socialistas del siglo XX se desarrolló un gigantesco mercado negro y especulativo como es práctica normal en las economías que mantienen precios fijos que no reflejan el verdadero estado de la oferta y la demanda. En estas economías suelen ser las colas y el racionamiento lo que reemplaza las subidas de precios.

Después de leer lo anterior uno puede pensar que las empresas estatales están condenadas a la ineficiencia económica, sin embargo, esto no tiene que ser así. En el mundo existen empresas estatales exitosas, que se desempeñan como cualquier empresa privada en un medio competitivo. En este sentido, su función social no está en el área productiva sino en el hecho de que las ganancias percibidas pueden usarse no sólo para la reinversión necesaria, sino también para el gasto social.

En este punto también podemos afirmar que el socialismo antes de Marx tenía un carácter ético predominantemente, fue este quien llevó al socialismo  del plano ético al productivo, lo que no fue acertado por las experiencias históricas que se vivieron.

Como el mismo Marx advirtiera inadvertidamente, que el mercado era el sitio donde se objetivaba el valor intrínseco de una mercancía, una sociedad desposeída del mecanismo del mercado quedaría sin un termómetro para medir el valor de lo producido, y si no podemos medir dicho valor, no podemos tener un marco de referencia para ajustar la oferta a la demanda, ni tendremos una guía que nos indique la forma óptima de la asignación de recursos tanto para la producción de bienes de consumo como bienes intermedios o materias primas. El carecer de un sistema de precios y por ende de costos reales, y un tipo de cambio real, hace muy difícil a un planificador decidir si conviene desde un punto de vista de eficiencia económica asignar recursos a la producción de un bien o importarlo. Existe una anécdota de un alto jerarca de la URSS al que le preguntaron sobre la posibilidad de que el mundo se hiciera comunista – a lo que respondió-  si eso deseamos a excepción de Nueva Zelandia, porque de algún lado necesitamos copiarnos un esquema de precios.

Por otra parte, hasta donde yo tengo entendido, el socialismo lo que busca en última instancia es una distribución justa del ingreso que le permita a todo el mundo vivir dignamente, ahora bien, que este fin se consiga a través de la socialización de la producción es algo discutible. En la extinta Unión Soviética existió un proceso de acumulación de capital y de inversión, sino de donde, salieron ese poco de tanques, misiles, aviones y buques de guerra con que contaba el país. Si nos ponemos a pensar, tenemos que llegar a la conclusión que en la URSS se generó una plusvalía, es decir los trabajadores no recibieron el pago completo de sus horas de trabajo, el gobierno se quedó con esa parte para financiar el aparato militar, la conquista del espacio y el pago de la abultada burocracia. Es decir, se cambió un sistema que llenaba los bolsillos de los capitalistas a costillas de los trabajadores, por otro, que llenó los bolsillos de los burócratas de turno. Alguien podría decir, no es lo mismo que un capitalista te explote a que lo haga el gobierno que te lo devolverá en obras sociales. El hecho en sí, es que el trabajador es despojado sin ser consultado acerca del destino que él quiere se le dé a su plusvalía, y además, en los países socialistas no tenía forma ni manera de saber que el gobierno devolvía a la población el equivalente a la plusvalía sustraída, de alguna parte tenían que salir las limusinas Zil y las dashas de veraneo de los jerarcas.

Es preocupante en el caso venezolano, en que se está construyendo el llamado socialismo del siglo XXI, escuchar hablar de que vamos a un modelo de producción socialista, sin saber exactamente de qué se trata, si es el modelo productivo del socialismo del siglo XX o algo distinto. En algún momento se habló bastante y se cifraron esperanzas en el modelo cooperativista, sin embargo, los resultados han sido decepcionantes al comparar la cantidad de cooperativas creadas y las que efectivamente funcionan. Cabe destacar que en muchos casos los miembros de una cooperativa no llegan a ganar en un mes el sueldo mínimo, sin contar que carecen de seguridad social y otros beneficios. Las únicas cooperativas que han prosperado son las que concurren al mercado a competir en precio y calidad con otras cooperativas o empresas privadas. Otro tipo de cooperativas que funcionan son aquellas que han conseguido un contrato con el gobierno en términos favorables, en este caso, es una forma indirecta de empleo gubernamental, con la ventaja para el gobierno que no le genera obligaciones y pasivos laborales, pareciera ser que ahí también el Estado le escamotea la plusvalía a los trabajadores.

Ahora bien, si el socialismo venezolano no emulará el estatismo soviético en el área productiva, si tampoco seguirá insistiendo en la experiencia fracasada de las cooperativas, si ya se convenció también que la economía del trueque era un disparate, si aceptamos que las cosas no andan bien en las industrias básicas de Guayana, si aceptamos que la planificación en el sector de los servicios básicos es deficiente, por decir lo menos y que no ha habido forma ni manera de llevar la inflación a un dígito. ¿Qué nos queda?

En este sentido, no veo otra opción que un debate en profundidad y realista respecto a las opciones en materia económica que tiene el socialismo del siglo XXI. Debemos pensar si la distribución del ingreso y una mayor justicia social se debe buscar en la intervención directa del aparato productivo, o por el contrario, se debe buscar en un momento posterior a la fase productiva, es decir, por medio de la tributación. Debemos reflexionar acerca de si el socialismo debe convivir con una estructura de mercado y precios, o debe buscar mecanismos distintos para la asignación de recursos. Discutir sobre qué grado de intervención estatal es factible y beneficiosa en el sector productivo, ¿pasar todo el aparato productivo al sector estatal, o bien, sólo industrias estratégicas? ¿En el campo debemos expropiar toda la tierra? ¿Es buena idea la creación de granjas colectivas, o resulta mejor procurar la proliferación de pequeños agricultores? ¿Podemos seguir indefinidamente con una economía de puertos? ¿Es más rentable y eficiente económica y socialmente, el mantenimiento de una red de distribución de alimentos con un componente importado muy alto como Mercal y PDVAL para los sectores más humildes, o una política de precios subsidiados de los alimentos básicos producidos en el país? ¿Debemos seguir con la política de que PDVSA se haga cargo de problemas que están fuera de su misión original de producir y comercializar petróleo? ¿Debemos continuar con una política de incremento del gasto social y hasta qué niveles? ¿Hasta qué punto debemos llevar la deuda pública? ¿Podemos seguir con una política de devaluación de la moneda cada cierto tiempo y un control de cambios estricto?

En realidad, las preguntas que uno puede hacerse son muchas y las respuestas pueden venir matizadas por la ortodoxia económica marxista, por posiciones socialdemócratas, o por posturas pragmáticas, o por posiciones utópicas. La verdad es que tarde o temprano, habrá que darles respuesta.

Siempre he dicho que la postura del gobierno bolivariano en el campo de lo social es clara, favorecer a los sectores más desposeídos, educación y salud, gratuitas; inclusión de las minorías; facilitar el acceso de los sectores más humildes a bienes y servicios;  lo que me ha parecido absolutamente correcto y propio de cualquier gobierno de izquierda. Sin embargo, no podemos olvidar que una política social requiere de recursos económicos, además, el consumo está íntimamente conectado con la producción, una política social incluyente elevará los niveles de consumo y este consumo exacerbado debe propiciar un crecimiento cónsono de la producción nacional de bienes y servicios, lo cual redundaría en mayores niveles de empleo y elevación de los salarios, lo que a su vez disminuiría el nivel de gasto social asistencial.

En resumen, pues ya me he extendido demasiado en este artículo y no quiero fastidiarlo mi querido lector, se trata de darle sustento económico al socialismo del siglo XXI, y creo que hay razones teóricas suficientes como para pensar que este nuevo socialismo deberá convivir con el mercado y el sistema de precios como mecanismo de asignación de recursos, sin esto la planificación no es posible.

Creo que hay establecer claramente los límites de la intervención estatal en el sector productivo, y dejarle un espacio claramente definido al sector privado, alentando el desarrollo de la pequeña y mediana empresa. Pienso que ya es hora de fijar un política anti inflacionaria, ningún país puede vivir perennemente con una inflación de dos dígitos y también crecer económicamente en el largo plazo, y no creo que una lucha burocrática (muchos fiscales de INDEPABIS) contra la especulación y el acaparamiento sea un mecanismo eficaz para abatir la inflación, sencillamente porque la especulación no es la causa de la inflación, sino al revés, es la consecuencia de un proceso inflacionario crónico. Pienso que se hace necesario entrar en este proceso de reflexión crítica en profundidad, porque los reclamos de la población comienzan a ser cada vez más frecuentes, un día son los maestros; otro, las enfermeras; otro, los médicos; otro, los trabajadores de Guayana; otro, los empleados públicos; otro, los damnificados; otro, los usuarios quejándose del servicio eléctrico o de la falta de agua o del metro; otro, la gente demandando más seguridad. No se puede cerrar los ojos ante estos reclamos y desecharlos porque son maniobras de la contrarrevolución y la CIA, hay que asumir que en materia económica es necesario construir una política económica realista capaz de soportar una política social de inclusión y justicia social a largo plazo.

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Publicado por en 5 agosto, 2011 en Crecimiento Económico

 

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